7/1/14

El conocimiento

El conocimiento                 

Desde el inicio de la vida, el hombre es un ser que gusta, busca y puede conocer. Apenas nace, esta inclinación por conocer se expresa en el asombro, la curiosidad y la tendencia a ir tras las cosas. Investigar, explorar, asomarse al mundo exterior e interior, nos vienen desde dentro, como exigencias del ser que somos. Además el conocimiento sirve para orientarnos entre los seres y compartir la existencia con ellos. La totalidad del ser humano está preparada y tiende a conocer. Por eso, conocemos a través de los sentidos y del entendimiento. 

Por el conocimiento de los sentidos, tomamos contacto con las cosas sensibles. captando sus diversas cualidades concretas, sin hacernos ideas acerca de ellas. El resultado de este conocimiento son las sensaciones y las percepciones. Por el conocimiento intelectual, «superamos» a los sentidos y a lo sensible y elaboramos conceptos, juicios y raciocinios.

Para el hombre, conocer es una forma de experimentar y de situarse en la realidad, a través de los sentidos y de la razón o entendimiento. Por los sentidos, tomamos contacto con la realidad sensible en lo que tiene de «experimentable», singular e inmediata; por la razón, también tomamos contacto con esa realidad sensible, pero en lo que tiene de realidad «universalizable» y «abstraible».    

El conocimiento de los sentidos es una aproximación a lo exterior de las cosas que nos rodean tal como existen; mientras que, por el conocimiento intelectual, hacemos un esfuerzo por adentrarnos en lo más profundo de las cosas, en su esencia. Entre ambos, hay estrecha relación. Donde terminan las sensaciones, comienza el conocimiento intelectual. Los sentidos son el apoyo inmediato del entendimiento. Gracias a éste, el hombre accede a la verdad en la medida en que lo expresado en un juicio (traducido por una proposición) coincide con lo que realmente son las cosas. Si sucede lo contrario, tenemos un error.

 Para el hombre, conocer es ante todo, un gran poder. Gracias al conocimiento se acerca de manera directa a todas las cosas y éstas tienen presencia intencional en él. Con el conocimiento, transciende a lo inmediato y sensible y puede, de alguna manera, abarcarlo todo. El conocimiento, pues, no es una simple copia de las cosas en el hombre, que reduce a éste a la condición de receptor. Gracias al conocimiento, el hombre se apropia activamente de lo que las cosas son, sin empobrecerlas, pero enriqueciéndose a sí mismo.

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