Don Miseria
Cuento popular
Había una vez un herrero muy pobre que se llama Miseria. Un día, harto de la pobreza y de no tener qué darles de comer a sus hijos, resolvió reunirse con el diablo y pedirle tres bolsas de plata a cambio de su alma.
El diablo le dio lo que pedía, pero le aclaró de inmediato que en no más de un año volvería por él para llevárselo al infierno.
A las pocas semanas, un viejito andrajoso se presentó en casa del herrero. Andaba en un caballo flaco y sin herradura. El herrero le dio hospedaje, la mujer le lavó y remendó la ropa y entre todos (padre e hijos) colocaron herraduras nuevas al caballo del anciano.
Cuando el viejito decidió irse, le dijo al herrero:
-¿Con qué puedo pagarte el favor?
-No es nada -contestó el herrero.
-Bueno, te daré entonces tres dones: primero, el que se siente en esta silla, no se levanta hasta que se lo ordenes, segundo, el que entre en esta bolsa, tampoco podrá salir sin tu permiso, y tercero, el que suba a ese árbol de nogal, no se bajará mientras no te dé la gana.
El viejito se despidió y se esfumó como un dios. Como el mismísimo Taita Dios.
Cuando se cumplió el plazo, vino el diablo a llevarse al herrero al infierno. Pero este le dijo:
-Espere que termine de hacer una herradura. Mientras tanto siéntese a descansar en esa silla
-Apenas termino su trabajo, el herrero le dijo al diablo:
-Ya nos podemos ir.
Pero como el diablo no se podía levantar de la silla, se quedó sentado. Una hora, dos horas ... hasta que no aguantó más y prometió al herrero que si lo dejaba levantarse, le iba a perdonar la vida por un año. El herrero le ordenó que se levantara y el diablo se fue.
Cuando se cumplió el otro año, vinieron tres diablos a llevarse al herrero pero este los detuvo:
-Esperen que acabe con esta herradura -dijo-. Mientras tanto, suban al nogal a comerse unas nueces.
Los diablos se tentaron y treparon al árbol. Pero como después de haber comido hasta el hartazgo no se podían bajar, prometieron desesperados, que le perdonarían un año más la vida.
El herrero les ordenó a los diablos que se bajaran del árbol y después de haberlo logrado, se fueron.
Al año siguiente vinieron cincuenta diablos en mula a llevar al herrero y este les dijo:
-Voy a ir con ustedes, pero antes quiero darle mis tesoros al que logre sacarlos de esa bolsa.
Los codiciosos se metieron, unos tras otros, dentro de la trampa y el herrero los agarró a palos.
Los diablos le pidieron que los dejara, que le iban a perdonar la vida entera si los dejaba salir de allí. El herrero así lo ordenó y los diablos huyeron.
Cuando don Miseria se murió, de viejo, Dios no lo recibió en el cielo porque había vendido el alma al diablo. Bajó al purgatorio y tampoco ahí lo aceptaron. Entonces se fue al infierno con el palo y, al verlo, los diablos salieron disparados y le cerraron la puerta.
Don Miseria volvió con Dios y le dijo que nadie lo quería. Entonces Dios lo mandó a viajar por el mundo, y tal vez sea por eso -dicen algunos- que la miseria no se acaba.
Plan Lector Primaria
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Más información en: Carpeta Pedagógica